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Trabajar en Bogotá

“Siempre que paseo me surge la misma pregunta ¿Por qué carajos vivo en Bogotá? tras de fea y sucia, ¡cara y antipática!” escribió una amiga en su página de Facebook. En su lista de males probablemente le faltó incluir: insegura, contaminada, ruidosa, desigual, segregada y congestionada. A pesar de todos estos problemas, Bogotá es la ciudad más poblada del país y el flujo de migrantes que a ella arriban alcanza un promedio de 40 familias al día. Esto podría significar, o que sus habitantes son masoquistas, o que las ventajas que la ciudad ofrece son lo suficientemente atractivas como para que esos males no los disuadan de vivir en ella.

Me inclino por pensar que se trata de esta última. Usualmente se identifican como ventajas las que señalan los indicadores sociales de la ciudad. Estos indicadores incluyen la calidad de vida, la superación de la pobreza, la cobertura educativa, el acceso a los servicios públicos, la cobertura del régimen subsidiado de salud y la esperanza de vida, entre otros, los cuales superan comúnmente los del resto del país.

Sin embargo, quisiera en este caso concentrarme en uno de los mayores atractivos de habitar en una ciudad como Bogotá y se trata del fenómeno de la aglomeración y del círculo virtuoso que éste produce en el ámbito laboral. Diversas teorías han adoptado esta perspectiva para analizar los beneficios que se obtienen al habitar las grandes metrópolis. Sostienen que el hecho de concentrar un gran número de personas, con un nivel alto de educación, en cierta área determinada, genera beneficios sociales importantes.

Según datos del Censo de 2005, Bogotá supera notablemente la media nacional en términos de proporción de residentes con educación superior con un 26.6 por ciento frente al 12 por ciento del país. Esta diferencia en los niveles de educación puede estar causando una brecha en el empleo, en la productividad laboral y en los salarios entre ciudades. La educación que un individuo adquiere no sólo lo beneficia a él en términos de un menor riesgo de desempleo o de mejores salarios, sino que también afecta a toda la comunidad en la que reside mediante un aumento en las oportunidades de trabajo y de la productividad de las personas que allí viven.

El vínculo causal entre aglomeración y las ventajas laborales se explica de tres maneras diferentes. Una de ellas radica en el fenómeno en el cual la concentración de trabajadores calificados se convierte en un espacio apto para el intercambio y la generación de ideas que redundan en un bienestar generalizado para todos los habitantes de la ciudad. La segunda afirma que el fenómeno se debe a que la aglomeración de personas con cierto nivel educativo implica necesariamente un aumento en la demanda de trabajadores no calificados, por ejemplo un aumento de ingenieros civiles se traduce en mayores oportunidades laborales para los trabajadores de la construcción. Finalmente, otra de ellas sostiene que el hecho de que los trabajadores calificados tengan mayores ingresos y sean más propensos a consumir servicios que no son necesidades básicas, como restaurantes, teatros, bares y servicios personales, genera un mercado laboral ampliado.

La aglomeración de trabajadores calificados también puede acarrear costos sociales. Las empresas al enfrentarse a una mano de obra más calificada pueden elevar sus estándares de contratación y perjudicar a los trabajadores que no invirtieron en educación superior. Por ejemplo, a menudo encontramos en los avisos clasificados que, para ser contratados como vendedores, es indispensable el título profesional, sin importar cuál sea la profesión. También puede presentarse un proceso de congestión que impide que las empresas encuentren a los trabajadores con las habilidades específicas que buscan perjudicando tanto a trabajadores calificados como no calificados.

Trabajos empíricos recientes han demostrado que los beneficios de la aglomeración son superiores a sus costos y aunque todavía no hay consenso sobre su causa, la posibilidad de que los beneficios sociales de la educación difieran de los beneficios privados tiene, en la práctica, implicaciones de política educativa importantes. Por ejemplo, si es cierto que los efectos de la aglomeración de trabajadores calificados tiene un componente local importante, las políticas orientadas a disminuir las inequidades regionales deben ser localizadas. Dichas políticas deben tener en cuenta, sin embargo, que los individuos son móviles y que tienden a migrar a las ciudades que les ofrezcan las mejores oportunidades laborales. Es por esto que una política que busque aumentar la población con educación superior debe estar acompañada por una promoción de empresas que empleen intensivamente trabajadores calificados, de lo contrario más personas seguirán quejándose de Bogotá pero argumentando  “… porque trabajo en Bogotá es que puedo pasear”.