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Se buscan alternativas al salario mínimo

“Si estuviera trabajando no tendría que estar vendiendo frutas” dijo Carlos cuando le preguntaron cuántas horas al día trabaja.  “Llevo dos años buscando trabajo y me las arreglo haciendo el oficio en una casa de familia un día a la semana, donde me pagan 25 mil pesos al día” cuenta Marta sobre su situación laboral. Pedro a sus 36 años es ayudante de construcción y según cuenta su situación laboral es muy inestable: algunos días no trabaja y otros tampoco.

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¿De qué le sirve a Carlos, Marta y Pedro saber que el salario mínimo va a incrementar el 3.5, el 5 o el 10 por ciento? Temo que de nada, porque es precisamente este incremento uno de los factores que los mantiene en situación de precariedad laboral. Veamos un ejemplo: Federico tiene una empresa de construcción y se dio cuenta que necesita un trabajador adicional, contacta a Pedro y acuerdan un salario mensual de 600 mil pesos. El gobierno decide que el salario mínimo legal vigente para 2013 es de 587 mil pesos y el subsidio de transporte de 70 mil pesos. Si Federico contrata a Pedro “formalmente” debe pagarle 657 mil pesos y contribuir a la seguridad social por un monto de 340 mil pesos. Haciendo cuentas esto corresponde a un total de 997 mil pesos, lo cual puede ser más de lo que Federico espera ganar con el trabajo de Pedro. Como los costos de contratación aumentan y a Federico lo acosa el temor de ser sancionado por el Ministerio de Trabajo o de ser demandado por contratarlo informalmente, decide no contratar a Pedro. No obstante la labor de vigilancia del Ministerio de Trabajo no es tan efectiva, así que lo más probable es que Federico, previendo la inoperancia de la vigilancia, contrate a Pedro por un valor inferior al salario mínimo legal vigente y no lo afilie a la seguridad social.

¿Es Federico un explotador? No lo creo. Él simplemente no puede pagarle más de lo que el trabajo de Pedro le genera ¿Es Pedro un explotado? No, él se beneficia de tener un ingreso y aunque no tiene prestaciones, probablemente esté afiliado al SISBEN y puede acceder al gran número de programas de subsidios que brinda el gobierno nacional. Así se produce el circulo vicioso de  la informalidad!

Desde esta perspectiva, el salario mínimo perjudica a muchos y beneficia a muy pocos. Perjudica a todos los que gracias a la existencia de esta cifra mínima no pueden acceder al trabajo (2.250.000 desempleados) y a quienes se encuentran en situaciones laborales precarias (4 millones de asalariados que ganan menos de un salario mínimo) y que no pueden acceder a trabajos formales. Beneficia, en el corto plazo, a los que se encuentran trabajando y tienen la posibilidad de acceder a sistemas que les permitan garantizar su situación laboral.

Sería posible entonces que el salario mínimo no sea el mecanismo adecuado para mejorar las condiciones laborales de los trabajadores colombianos. Pero es posible también que la solución no sea, tampoco, recurrir a su eliminación tal y como muchos no-economistas piensan que los economistas sugerimos. Al eliminar el salario mínimo se cree que los empleadores ofrecerán salarios ínfimos y los trabajadores sin alternativas tendrán que aceptarlo. Este argumento asume que las empresas fijan unilateralmente los salarios, aun cuando el “deber ser” indica que para la celebración de un contrato ambas partes deben estar de acuerdo y resultar beneficiadas. En esas condiciones, si un trabajador cree que lo que le están ofreciendo es un valor menor de lo que se merece, él encontraría un mejor oferente hasta que el salario de equilibrio sea el valor de lo que realmente produce. Esto ocurre en los mercados laborales competitivos y sin fallos de mercado. Algo muy lejano a lo que ocurre en la realidad: el mercado laboral ni es competitivo ni está libre de fallos de mercado tal como lo reconoce la vasta literatura económica sobre el tema.

Si tener un salario mínimo no ayuda a los trabajadores y eliminarlo al parecer tampoco, ¿qué se podría hacer? Algo que ayudaría, tal como lo han sugerido la mayoría de los economistas laborales Colombianos, es reconocer la heterogeneidad que existe en el mercado laboral. Esto es establecer salarios mínimos diferenciados por años de experiencia, nivel educativo e incluso por sectores económicos o  área geográfica de trabajo. La ventaja de recurrir a un salario mínimo flexible es el reconocimiento de la heterogeneidad en la productividad de los trabajadores la cual podría ayudar a empleadores como Federico a contratar formalmente a trabajadores como Pedro.  También se ha planteado establecer el salario mínimo por hora y así permitir una mayor flexibilidad laboral. Otra alternativa es mantener el salario mínimo y combinarlo con algún tipo de subsidio salarial como lo han optado países como Francia, Holanda y Bélgica. En Francia, por ejemplo, el  gobierno subsidia las contribuciones a la seguridad social a trabajadores que ganan hasta 1.6 veces el salario mínimo. Otra propuesta es reemplazar el salario mínimo por un ingreso de supervivencia o por un subsidio de desempleo. El abanico de alternativas es amplio y requieren un análisis detallado, un debate riguroso y mejores propuestas … ¿se les ocurre algo?