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Psicología y Economía Social

Comienzo por acoger una de las variopintas definiciones de lo que debe hacer un estado que propende por el bienestar social de su población. Entiendo por él a un gobierno que implementa una serie de mecanismos, costeables con sus ingresos fiscales, para garantizar que su población acceda a un nivel mínimo de servicios sociales (salud, educación, seguridad, sistema pensional, entre otros) tal que proteja a sus ciudadanos de eventuales contingencias negativas e impida que sus miembros caigan o se perpetúen en la pobreza.

El éxito de esas políticas parecería estar entonces en función de qué tan salientes son en realidad las contingencias que se quieren evitar, qué tan alcanzable es el mínimo estándar de vida que se define y cuáles son las causas de la pobreza. En esta nota quisiera concentrarme en el debate actual sobre este último punto y su relevancia para la definición de políticas gubernamentales novedosas que busquen el mejoramiento del bienestar de la población. Políticas que tengan un alto impacto a bajo costo.

La  perspectiva más extendida sobre las causas de la pobreza afirma que existen restricciones externas a los individuos, debido a imperfecciones del mercado, que les impiden salir de ese estado. Por ejemplo, una familia que no conozca sobre los altos retornos a la educación en Colombia (esto es conocido como fallas de información) y no tenga acceso a créditos educativos (esto es, inexistencia de mercados), podría preferir mandar a su hijo a trabajar desde temprana edad y así condenarlo a una vida futura económicamente precaria. De igual modo, un trabajador que no conoce sobre la importancia de ahorrar para la vejez (de nuevo una falla de información) puede decidir no cotizar a pensiones voluntarias durante su etapa productiva y llegar a la tercera edad con un monto cotizado insuficiente para llevar una vida digna en sus últimos años.

Según esta perspectiva, bastaría con proveer información suficiente sobre los retornos educativos o la importancia del ahorro para la vejez y eliminar barreras a créditos educativos o bien proveer a la población de subsidios condicionados a la asistencia escolar, para lograr que sectores poblacionales sujetos a esas restricciones externas puedan superar la pobreza. Esta taxonomía de la pobreza ha inspirado muchos de los programas sociales aplicados en Colombia tales como Familias en Acción y Red Unidos.

Algunos economistas, cuya investigación se centra en la confluencia entre economía y psicología, han propuesto que la pobreza puede ser causada no simplemente por factores externos. En cambio argumentan que la pobreza como tal influencia el comportamiento no sólo mediante las restricciones que las personas enfrentan, sino también modificando el proceso de decisión en sí mismo. Bajo esta óptica “comportamental” de la pobreza, el estado debería no sólo intentar afectar las restricciones externas (a través de la modificación de las fuerzas del mercado) sino también las restricciones internas (dirigidas a cambiar el comportamiento en sí mismo), que suelen manipularse a un menor costo que las primeras.

La principal hipótesis de trabajo de esta teoría es que las personas erran mientras toman decisiones y aplican simplificaciones a los problemas que encuentran. Por ejemplo, tienden a ser sobre-optimistas cuando se enfrentan a situaciones inciertas (y por tanto, las personas pueden estar dispuestas a seguir actividades productivas que tienen bajas probabilidades de éxito) o cuando sopesan su capacidad de llevar a cabo planes a futuro (por ende, los individuos pueden tener toda la voluntad de no dejar para mañana lo que pueden hacer hoy y levantarse al día siguiente sin la labor hecha y el remordimiento intacto), a tener un sesgo por el statu quo (por ello muestran cierta aprehensión a desviaciones con relación a su situación actual) y tienen una fuerte propensión a seguir lo que otros han hecho (siendo sus pares sociales una fuerza que imprime inercia a sus decisiones individuales). Si esta hipótesis es cierta, la familia que decide si enviar o no a su hijo al colegio podría estar siendo influenciada no sólo por la restricción monetaria de hacerlo sino por lo que observa otros individuos cercanos a su entorno social están haciendo. Asimismo, el trabajador que decide no cotizar a pensiones voluntarias podría llegar a hacerlo si el proceso para afiliarse a ellas es la opción que se le presenta por defecto (su statu quo) o bien se le da la opción de comenzar a cotizar no al instante sino en el futuro cercano.

Algunos gobiernos como los de Reino Unido, Estados Unidos y Australia han implementado políticas activas que explotan estos últimos resultados en economía y psicología y han probado ser en muchos casos efectivas y de bajo costo. Estas políticas se conocen con el genérico de nudges o “empujoncitos”, es decir ayudas sencillas a los individuos, de tal manera que sean más propensos a tomar la decisión correcta y estén menos dispuestos a seguir aquella que les causaría algún daño. Valdría la pena complementar ciertas políticas sociales en Colombia nutriéndolas de esta perspectiva comportamental de la pobreza.